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Por qué las plataformas de e-learning fracasan con poblaciones vulnerables | La Teacher
Diseño educativo inclusivo · 7 min de lectura

Por qué las plataformas de e-learning fracasan
cuando el estudiante vive en condición de vulnerabilidad

Marcela Salinas · Educación inclusiva · 2026

Hay una pregunta que el mundo EdTech debe hacerse: ¿quién diseña las plataformas y para quién?

No es una pregunta retórica. Es la pregunta que explica por qué miles de programas educativos con buenas intenciones, presupuestos generosos y tecnología impecable terminan con tasas de abandono devastadoras. No porque el contenido sea malo. Sino porque la plataforma fue diseñada pensando en un estudiante que no existe en la realidad de las poblaciones que más necesitan educación.

Hace seis años, nosotros mismos sentíamos la tentación de desarrollar algo orientado al nivel tecnológico más que a la usabilidad. Esta es la historia que nos hizo cambiar de dirección.

El sueño de cualquier EdTech

Cuando lanzamos La Teacher, estábamos en medio de la pandemia y el mundo entero buscaba soluciones educativas digitales. En ese contexto apareció en los medios una aplicación nueva del Ministerio de Educación de Colombia: B the 1 Challenge.

Era, en papel, el sueño de cualquier EdTech. Basada en el modelo de las pruebas Saber, pero en formato de videojuego. Una aventura en la que los estudiantes resolvían retos de inglés mientras avanzaban en una narrativa. Gratuita, oficial, con el respaldo del Estado.

Yo vi la noticia y sentí un golpe en el estómago. Llevábamos un mes trabajando exclusivamente en un chatbot de WhatsApp — el más simple de los productos que teníamos — después de que los profesores nos dejaran claro que era lo único que les interesaba de todo nuestro portafolio.

Estudiante usando tableta en salón de clase en Latinoamérica, representando la brecha entre tecnología educativa y realidad del aula

¿Quién iba a querer usar nuestra solución frente a algo así? Seguimos adelante. Lanzamos con tres colegios. Y por miedo a la respuesta, yo evitaba preguntar sobre el app del Ministerio. Hasta que Margarita lo trajo sobre la mesa.

Lo que Margarita vio en su salón

Margarita era profesora de inglés en un colegio público de Bogotá, a cargo de los grados décimo y once. Bogotá tiene mejores condiciones de conectividad que el resto del país y una población más digitalizada que el promedio. Si la app iba a funcionar en algún lugar, era ahí.

Docente en colegio público de Colombia frente a su salón de clase, trabajando con estudiantes en contexto de vulnerabilidad

La Secretaría de Educación les había instruido usar la aplicación. Margarita tenía 150 estudiantes. Solo 15 — un 10% — habían podido iniciarla.

El problema no era la voluntad. Era el diseño. La app era más pesada de lo que los celulares de gama baja de sus estudiantes podían sostener. Las instrucciones iniciales estaban en inglés, el idioma que precisamente estaban aprendiendo. Los papás, que desde casa acompañaban el proceso, se sentían aún más perdidos que sus hijos.

Margarita desistió. No era posible enfocarse en una herramienta que la mayoría de sus estudiantes no podía usar. Con La Teacher, el 90% de esos mismos estudiantes pudo acceder y participar.

Construir desde adentro

Lo que distinguió a La Teacher en ese momento no fue la tecnología. Fue que dos de las tres personas que diseñamos la experiencia habíamos sido profesoras. Sabíamos lo que pasa en un salón real, con estudiantes reales, con celulares reales y conexiones reales.

Es la diferencia entre construir para un usuario parecido a mí — con privilegios similares — y construir para una persona que existe y que representa el 90% de los estudiantes de los países en desarrollo.

Las 5 fricciones que eliminan al estudiante antes de que empiece

La historia de Margarita no es una excepción. Es un patrón que se repite cada vez que una plataforma educativa llega a poblaciones en condición de vulnerabilidad sin haber preguntado antes cómo viven.

Capacidad del dispositivo

Las plataformas educativas suelen diseñarse y probarse en equipos de gama media o alta. Para un estudiante con un teléfono de entrada con memoria limitada, descargar e instalar una nueva aplicación puede ser literalmente imposible.

Curva de aprendizaje del estudiante

Antes de aprender el contenido del curso, el estudiante tiene que aprender a usar la plataforma. Para alguien con baja experiencia digital, ese primer obstáculo puede ser suficiente para abandonar.

Curva de aprendizaje de la familia

En contextos donde el aprendizaje ocurre en casa y con acompañamiento familiar, la plataforma tiene que ser comprensible no solo para el estudiante sino para quien lo rodea. Una interfaz confusa no elimina a uno: elimina a toda la familia.

Conectividad insuficiente

Sostener una experiencia fluida en una plataforma que requiere banda ancha estable es un privilegio. En zonas rurales, en hogares con conectividad intermitente, el estudiante no abandona por falta de interés. Abandona porque la plataforma no lo esperó.

Idioma y lenguaje

Un flujo de registro en inglés para estudiantes que están aprendiendo inglés no es un error de traducción. Es una decisión de diseño que revela para quién fue pensada la plataforma desde el principio.

El abandono no es un problema del estudiante — es un problema de diseño

Cada vez que un programa educativo reporta altas tasas de deserción, la conversación suele girar en torno a la motivación del estudiante. Rara vez gira en torno al diseño de la plataforma o a las condiciones de vida de quien intenta aprender.

Pero el abandono, en la mayoría de los casos que hemos visto, no ocurre porque el estudiante no quiera aprender. Ocurre porque en algún momento del proceso la plataforma le exigió algo que no tenía: un celular más potente, una conexión más estable, tiempo libre en un horario específico, la capacidad de navegar una interfaz que nadie le explicó.

El diseño que no contempla esas realidades es excluyente, aunque sus intenciones sean las mejores.

Estudiante adulto en zona rural intentando usar aplicación en teléfono de gama baja con baja conectividad

Esa debería ser la vara con la que medimos cualquier solución educativa. No cuántas funcionalidades tiene. No qué tan innovadora parece. Sino una pregunta mucho más simple: ¿funciona para todos?

💡 La inclusión no comienza cuando una persona entra al curso. Comienza cuando eliminamos las barreras que le impedirían entrar.

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En La Teacher diseñamos experiencias de formación conversacional por WhatsApp para organizaciones sociales, empresas y entidades que trabajan con poblaciones en contextos de vulnerabilidad, ruralidad o baja conectividad.

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